Las señoritas de Aviñón, como es sabido, es el nombre de un célebre cuadro, de capital importancia en la historia de la pintura moderna. Según parece debe su título a las pupilas de un burdel de la calle Aviñó de Barcelona al que el joven Pablo Picasso acudía con regularidad antes de su traslado a París, a finales del siglo XIX. Era un burdel modesto con chicas cariñosas y complacientes, ignorantes de lo que no fuera su oficio.
Regido por una Madame que cuidaba y protegía a sus chicas con aparente generosidad, aunque llevando unas cuentas estrictas en las que anotaba cuanto les proporcionaba, con las que las retenía en la casa ya que se las ingeniaba para que siempre resultaran favorables a ella.
Había amores, discusiones, peleas y resentimientos... pero también alegrías, risas y un sincero afecto entre unas y otras, lo que les daba la apariencia de una verdadera familia. Rosita era la favorita de Picasso el cual le reiteraba continuas protestas de amor, mientras que Pilar representaba el contrapunto de este mundo aparentemente feliz, la única que era consciente de la realidad de su condición...