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BLAS DE OTERO.- NOTAS BIOGRAFICAS

1.1   Infancia, de Bilbao a Madrid: 1916 – 1933

Blas de Otero Muñoz nació el 15 de marzo de 1916 en Bilbao (1). A los 7 años entró en el colegio de María de Maeztu; el preparatorio e ingreso de Bachillerato lo estudiaría en un colegio de jesuitas. Su casa era para él refugio y remanso de paz, un microuniverso mitificado de tranquilidad y juegos, habitado por él mismo, sus padres, su hermano y su institutriz, mademoiselle Isabel (2). Por el contrario, el colegio representaba una suerte de infierno represor para el niño:

Madre, no me mandes más a coger miedo

y frío ante un pupitre con estampas.

Tú enciendes la verdad como una lágrima (3) [...].


Tres años después la familia quedó en la ruina y decidieron mudarse a Madrid para tratar de remediar la situación. En la capital encontró una libertad que no tenía en Bilbao y descubrió su propia identidad. En este ambiente empezó a escribir.

Cuando tenía 13 años murió su hermano, tres mayor que él; tres años después falleció su padre. El carácter alegre por naturaleza de Blas de Otero se agrió; se volvió introvertido y pesimista. A esta edad empezó su obsesión por la muerte. En 1931 comienza la licenciatura de Derecho; poco después tuvo que abandonarla para volver a Bilbao con su familia. La situación de ruina se había agravado tras la desaparición del padre, lo que impuso el regreso a la ciudad natal.


1.2 Juventud, de Alea a Nuestralia: 1933 – 1944


Ya de vuelta a Bilbao, Blas de Otero se encontró con que debía llevar adelante a la familia, a la vez que cursaba por libre sus estudios de Derecho. La situación supone demasiado peso para su frágil estabilidad emocional, que se quiebra; el joven Otero empieza a padecer serias crisis nerviosas. Encontró tres apoyos para mantenerse cuerdo: la religión, la amistad y el arte.


Su vida religiosa, por aquel entonces, era muy intensa. Miembro de la Federación Vizcaína de Estudiantes Católicos, congregante de Los Luises de San Estanislao de Koska... Incluso firmaba sus poemas en aquel entonces como “Blas de Otero, C.M.”: Congregante Mariano. Empezó a publicar su poesía por esos años; unos versos claramente marcados por su creencia religiosa e influenciados por los místicos españoles y la literatura cristiana: las Baladitas humildes, publicadas en la revista jesuítica de Los Luises. También comenzó a moverse en los ambientes artísticos de su ciudad; junto a un grupo de amigos creó distintos grupos poéticos: en un primer momento Los Luises; después vendría Alea; y finalmente Nuestralia, su particular torre de cristal.

 
Aunque fue uno de los padres de Alea, no era uno de los más asiduos, posiblemente por su espíritu solitario. Alea fue, en principio, tertulia artística y punto de encuentro para intelectuales de toda índole. Después de la Guerra Civil comenzó a interesarse en la publicación de la obra de sus miembros: en Cuadernos de Alea aparece Cántico espiritual, la primera obra de cierta extensión del poeta. 


Más tarde vendría Nuestralia, un núcleo cerrado formado por Blas de Otero y otros cuatro amigos. Como grupo tuvo corta vida pero gran intensidad, y fue importantísimo para la consolidación poética de Otero. Gracias a su influencia comenzó a experimentar con recursos expresivos desconocidos. Estaban marcados por su fervor religioso: sus influencias oscilaban entre los místicos, Juan Ramón Jiménez y la Generación del 27, pasando por poetas tan dispares como Rabindranath Tagore, Miguel Hernández y César Vallejo. Acostumbraban a citar y recitar versos en sus reuniones: muy posiblemente, en este tiempo adoptó Blas de Otero el que había de ser uno de sus recursos más interesantes: la intertextualidad.

El poeta se debatía entre su vocación poética, que le exigía una vida bohemia, y la necesidad de trabajar para mantener a su familia. En 1935 acaba Derecho en Zaragoza; poco después empieza la Guerra Civil, que pasa para él sin pena ni gloria. En 1941 comienza a trabajar como asesor jurídico a la vez que ve crecer su prestigio como escritor. En 1943, incapaz de soportar el conflicto con su vocación, vuelve a Madrid para matricularse en Filosofía y Letras, con el plan de emular a otros poetas-profesores y ganar cátedra de Literatura. Sin embargo, la Universidad no era el lugar de erudición e intercambio cultural que él esperaba; defraudado, regresó a Bilbao cuando su hermana mayor (que sustentaba a la familia) enfermó y no pudo seguir trabajando.


Henchido de un sentimiento de culpa terrible, quema todos sus poemas como expiación. A partir de entonces se dedicó a enseñar Derecho por lo particular y preparar oposiciones.


1.3 Afirmación de la vocación poética: 1944 – 1955


En 1945 sufrió una terrible crisis depresiva que lo llevó a recluirse en el sanatorio de Usúrbil. Durante esta crisis se destruye su bucólica visión de la amistad, su firme posición religiosa y su cándida valoración poética; sin embargo, encuentra en la creación artística su mejor terapia. En estos años nacen, casi íntegramente, las tres obras de su ciclo existencial: Ángel fieramente humano, Redoble de conciencia y Ancia.

Seleccionando poemas inéditos junto a otros publicados en diversas revistas de la época salió Ángel fieramente humano, que presentó al premio Adonais. Le fue negado el premio, al parecer por cuestiones de heterodoxia religiosa. En 1950, sin embargo, gana el premio Boscán con Redoble de Conciencia.


Desde 1955 ya fue considerado uno de los grandes poetas de la posguerra. Su poética cambia de rumbo: pasa de ser afirmativa a interrogativa, inquiriendo al mismo Dios. Sólo aparecen dos personas: “yo”, el poeta; y “tú”, Dios. El “yo”, solitario y sufriente, busca un “tú” para dialogar y sólo encuentra el silencio. Como resultado del fracaso de esta búsqueda (que era poética, pero también vital) se impone la confirmación de una nueva fe (4).


1.4 Del existencialismo al coexistencialismo: 1955 – 1964


La soledad de Blas de Otero crecía con su prestigio. Su búsqueda de un “tú” con el que dialogar había fracasado. Sin embargo, encontró una manera de mitigar su soledad: el encuentro con los otros, ser hombre entre los hombres. Así apareció el “nosotros” en su poesía: un cambio en su poética que no sólo significó una nueva dimensión en su obra, sino también el descubrimiento de la solidaridad humana, que terminó con su crisis y le devolvió la paz espiritual. La poesía del desarraigo pasó a ser poesía del encuentro.



Ayudaron a este giro de timón sus nuevas amistades, poetas y artistas del grupo bilbaíno y nombres importantes del Instituto Cisneros, que lo encaminaron a “la inmensa mayoría”. Por aquel entonces su prestigio había crecido tanto que empezaba a ser estudiado por los eruditos (Dámaso, Alarcos...), a aparecer en antologías, ser protagonista de monografías, artículos y ensayos y ganar todos los premios importantes de su época.


Su extraño sentimiento hacia España, de amor y repulsión a la vez, lo llevaron al autoexilio a París. Allí accedió a los círculos comunistas, e incluso se afilió en 1952 al Partido Comunista por afinidad, si no política, sin duda ideológica: en él ve cristalizados sus ideales humanistas. En París se fraguó Pido la paz y la palabra desde su nueva fe en el género humano: el verso se había convertido en una herramienta para tratar de cambiar el mundo.


Si el odio lo había llevado lejos de España, el amor le hizo volver: la gran añoranza que sentía por su tierra le hizo sumirse en nuevas crisis emocionales y depresivas. A finales del mismo año regresó con la firme convicción de conocer a fondo su país y tratar con el pueblo llano. Convivió y trabajó con mineros; recorrió los pueblos del interior de Castilla y León, sin apenas dinero, viviendo del trabajo y de lo que le ofrecían los amigos que iba haciendo por el camino. El compromiso que adquiere con la gente de a pie le empujan a terminar Pido la paz y la palabra y escribir En castellano.

Entre 1956 y 59 vivió en Barcelona, donde frecuentó los grupos artísticos locales. Allí le censuraron En castellano, pero publicó Ancia, resultado de la suma de ÁNgel fieramente humano y Redoble de concienCIA, más algunos poemas nuevos; aunque se sitúe cronológicamente en la época social de su poesía, la temática corresponde a la época anterior, para la que sirve de epílogo y broche final. Ancia ganó el Premio de la Crítica en 1958.


En 1960 viajó a la URSS y China invitado por la Sociedad Internacional de Escritores. Por esta época se publican (siempre fuera de España por culpa de la censura) Esto no es un libro (Puerto Rico, 1963) y Que trata de España (París, 1964).

En 1964 se trasladó a Cuba, donde le fue concedido el premio Casa de las Américas. Allí conoció a la cubana divorciada Yolanda Pina, con la que se casó. Durante tres años vivió en La Habana con ella; en 1967 se divorció y regresó a Madrid, donde reanuda la antigua amistad y el amor con Sabina de la Cruz. Su relación con ella durará hasta la muerte del poeta y le dará la estabilidad definitiva. Fueron días de paz espiritual, tranquilidad emocional y pasión creadora.

1.5 Últimos años: 1964 – 1979


Durante esta época publica numerosas antologías recopiladas por él mismo, además de libros con nuevos versos. También se dedica a pulir los antiguos; es por esto que hay numerosas variantes de su poesía.


Su enfrentamiento con el franquismo, al que había visto nacer, crecer y morir, fue constante. Anheló y cantó la democracia durante 40 años; luchó por ella, e incluso apareció en mítines, conferencias y recitales en las primeras elecciones. Sin embargo, como Moisés a la vista de la Tierra Prometida, no llegó a ver completamente realizado su sueño. En 1979 murió por una embolia pulmonar, habiendo cumplido con sus preceptos vitales y al final de una larga búsqueda, vital pero también poética:



De esta forma, una existencia temporal adquiría una categoría intemporal gracias al poder demiúrgico de la poesía. En la creación poética residía la salvación del hombre. La biografía de Blas de Otero es la historia de una pasión creadora y la materialización de la salvación humana por la poesía (5).




_______________________
(1). Su relación con Bilbao, y posteriormente también con España, fue de amor-odio. Le repelían los muchos defectos que encontraba en la sociedad y costumbres, pero a la vez amaba su tierra con pasión.
(2). Víd. Mademoiselle Isabel, en Ángel fieramente humano, ed. Losada, 1972, Buenos Aires.
(3). Víd. Biotz-Begietan, en Verso y Prosa, ed. Cátedra, 1999, Madrid.
(4). Se confirma lo dicho en la Introducción: es imposible separar poesía y vida en Blas de Otero. Su pérdida de fe, de rumbo; su búsqueda de un nuevo norte eran un problema espiritual que él convierte en problema.
(5). ASCUNCE ARRIETA, José A., Cómo leer a Blas de Otero, ed. Júcar, 1990, Madrid, pág. 40.